Salimos un viernes de nuestra base en Puerto de Pollença. Antes de la salida habíamos puesto en común la logística de comidas, víveres, etc., mediante un grupo de WhatsApp la semana anterior. La idea es siempre compartir comida: hay alumnos que traen pasta preparada, otros tortillas de patatas, otros milanesas, embutidos… siempre para compartir.
La verdad es que Pilar y yo somos muy cocinitas en el barco y nos gusta mostrar durante las prácticas cómo la buena comida y la navegación pueden casar sin ningún problema.
En el mismo grupo fuimos comentando la meteorología y siguiendo la evolución de los diferentes modelos meteorológicos, que nuestros alumnos —que habían pasado por nuestra academia anteriormente— ya sabían interpretar gracias a nuestro curso de interpretación de modelos meteorológicos e introducción a las cartas electrónicas, que impartimos como complemento al curso de radiocomunicaciones del PER.
Llegado el día de la partida, nuestros alumnos parecían emocionados, al igual que nosotros mismos como instructores. Una salida en modo travesía de 48 horas es algo que, aún a día de hoy, sigue emocionándonos.
Después de las presentaciones pasamos a estibar víveres, distribución de camarotes y briefing de seguridad, y decidimos soltar amarras. Para sorpresa de todos nuestros alumnos, la derrota a seguir la decidimos entre todos mientras dejamos atrás la bahía de Pollença. Con los partes actualizados nos decidimos por la ruta norte de Menorca. Hay otras ocasiones en las cuales la meteorología nos invita a navegar la costa este de Mallorca y llegar a Cabrera, pero en esta ocasión los partes nos invitaban a poner rumbo a Cabo Nati, al norte de Ciutadella, y costear Menorca por su cara norte.
La travesía se pudo realizar en un 75 % a vela. El canal Menorca–Mallorca nos mostró una ola de un metro de altura por el través. Vientos de sur que nos hacían navegar a toda vela con una velocidad media de 6,5 nudos.
Llegamos a la costa norte de Menorca con luna casi llena y cielos completamente despejados. La noche es fría, pero con una visibilidad impresionante. Las estrellas fugaces cruzan la perilla de nuestros mástiles una y otra vez, para deleite de toda la tripulación. Sobre las 23:30 hora local decidimos hacer una práctica de fondeo en una de mis calas favoritas de la costa norte: Cala Algaiarens.
El fondeo, en 5 metros de sonda, con fondo de arena y viento de tierra, fue un éxito. Una pena poder parar solo 20 minutos durante las prácticas.
Nuestro siguiente ejercicio fue una arribada nocturna a Fornells, utilizando su enfilación de faros y mostrando otra cara de esta entrada espectacular en invierno.
A continuación salimos de Fornells y, siempre navegando a vela, llegamos al segundo puerto natural más grande de Europa: ¡Mahón! Otra entrada que deja sin palabras, y más a las 3:00 de la madrugada y en pleno invierno.
Decidimos utilizar las 6 horas de descanso que permiten las prácticas de PY y CY cada 24 horas para volver a fondear, esta vez por babor, en la zona militar, con el fin de descansar y recuperar fuerzas para el día siguiente.
Al amanecer, y siempre escrupulosos a la hora de cumplir con los horarios establecidos y reflejados en nuestro AIS, levamos anclas y nos introdujimos en el saco de la bahía de Mahón para enseñar a nuestros alumnos la magnitud de semejante bahía. Una vez visitada Mahón desde el mar, pusimos de nuevo rumbo a la bocana. La intención era recorrer la costa sur, pero una vez fuera, el mar de fondo nos hizo cambiar de idea y volvimos por el norte de nuevo.
Siempre explicamos a nuestros alumnos que lo importante es hacerse la vida fácil. Y si tenemos la suerte de vivir en el archipiélago balear, no hay ninguna necesidad de pasar malos ratos en el mar cuando tenemos múltiples opciones para navegar.
Durante la mañana navegamos dejando la costa norte por nuestro babor y, siempre con vientos de componente sur (en este caso de tierra), el barco navegaba con gennaker, mayor y mesana a una velocidad tranquila de 5 nudos y mar llana. Siempre que tenemos ocasión nos gusta hacer recalada en la bahía de Addaia.
El canal está perfectamente señalizado con marcas laterales, pero estas no tienen luz, así que solo recomendamos hacer la recalada con luz diurna, ya que a muy pocos metros del canal señalizado los bajos velan entre aguas.
En Addaia preparamos nuestros conocidos desayunos de huevos revueltos, salchichas y bacon, con zumo de naranja y café… gloria bendita para las 11:00.
Solo navegando es cuando uno es consciente de lo importante que es disfrutar de nuestro tiempo.
Dedicamos todo el día a deshacer el camino y asomar nuestra proa por Cabo Nati de nuevo. Esta vez eran las 20:00 y la navegación de vuelta fue con vientos más suaves, que requirieron de toda nuestra atención para sacar el máximo partido de nuestras velas y exprimir cada nudo de viento.
Llegado el momento, volvimos a cruzar el canal con intención de arribar a Mallorca sobre las 2:00 si el viento nos acompañaba. Me gustaría mencionar las charlas y talleres que vamos realizando durante la navegación. Estas consisten en pequeñas charlas acompañadas de dibujos sencillos sobre mecánica, electricidad, meteorología, etc. La idea es dejar la teoría a un lado y centrarnos en la práctica.
Purgar un circuito de gasoil, uso del multímetro (tester) y poder localizar fallos eléctricos en los diferentes circuitos del barco… Estas charlas suelen durar unos 30 minutos y las vamos intercalando durante la travesía de 48 horas.
El cruce fue de lo más entretenido. El tráfico marítimo nos sorprendió para las fechas del año. Es cierto que nuestro AIS mostraba algún barco de recreo y no éramos los únicos que navegábamos de manera deportiva, pero la sorpresa fue ver la cantidad de mercantes que cruzaban el canal con rumbo norte y sur para llegar a las costas de África y la península.
En un determinado momento de la noche, nuestro AIS mostraba un cruce con un mercante de carga general de más de 300 metros de eslora a no más de 0,3 millas. Nosotros navegábamos propulsados a vela a una velocidad constante de 7 nudos. Como el cruce presentaba ciertos riesgos según nuestro AIS, aprovechamos para comprobarlo con el radar, plotear la derrota del barco y, mediante cinemática, ver la distancia de cruce y contrastar radar y AIS.
Llegado el momento decidimos hacer uso de la radio y contactamos con el barco en cuestión, el cual respondió de manera inmediata y con una amabilidad sorprendente. Su inglés no era muy bueno, pero eso hacía que la comunicación fuese fluida. Siempre invito a los alumnos a hablar por la radio. Entiendo que en un primer momento el VHF impone cierto respeto y reticencia, sobre todo después de toda la teoría y práctica protocolaria que les hemos enseñado en la academia con los simuladores en el curso de radiocomunicaciones. Pero la realidad es que al otro lado del VHF hay una persona igual que nosotros, que en la mayoría de los casos estará encantada de compartir una charla amigable, siempre fuera del canal 16 y utilizando un canal de trabajo.
En nuestro caso, después del protocolo de llamada, nos presentamos y le preguntamos si nos veía en sus sistemas. Le explicamos que navegábamos a vela, a lo que respondió que, por supuesto, era consciente de que teníamos preferencia y que, si nos parecía bien, nos cruzaría a 0,5 millas. La verdad es que fue una gran experiencia.
Durante la noche, que seguía estrellada como pocas, utilizamos el sextante para tomar alturas a diferentes astros. No os mentiré: tomábamos alturas, pero de cálculos, navegando a vela con el barco escorado y en plena noche, pocos hicimos sobre el papel.
La llegada a Mallorca fue tranquila y con el ETA que habíamos calculado. Si bien, llegando a la bahía de Alcúdia, le dimos un empujón a motor, ya que el viento venía de proa. La sorpresa fue cuando, a menos de 2 millas de la isla de la Alcanada, nos sorprendió una niebla como pocas he visto en el Mediterráneo.
Así que cuando pensábamos que todo estaba hecho, tuvimos que sacar fuerzas para concentrarnos de nuevo en la navegación instrumental y poder fondear con seguridad. Si bien es cierto que somos conocedores de la zona, con niebla todo cambia.
Felizmente, a las 03:00 pudimos soltar el hierro y descansar las 6 merecidas horas de nuestra práctica.
Al día siguiente la niebla seguía persistente sobre nuestros mástiles y, una vez más, sacando nuestra pericia marinera y el uso de radar, AIS, etc., pudimos salir de la bahía de Alcúdia, donde, una vez fuera, el sol brillaba con fuerza y secaba nuestra cubierta de la humedad de la noche y la niebla.
En la arribada a nuestro puerto base en Puerto de Pollença hay poco que mencionar, salvo otro desayuno copioso y caliente que asentaba nuestro cuerpo cansado. El amarre se hizo sin mayor problema a cargo de todos los alumnos.
Una vez finalizados los pagos se hizo entrega de los certificados de prácticas y, si todo va bien, la mitad del grupo, para cuando se publique este post, estará presentándose a CY y la otra mitad al curso final de PPER, que les habilitará para poder trabajar en embarcaciones de recreo con hasta 12 pasajeros.
Desde la bitácora del barco Aegeri, nos despedimos hasta una próxima entrega de los diarios de navegación.
Un cordial saludo,
un humilde servidor,
Rafael Benítez
y mi compañera
Pilar Casares